Todo lo que deberías saber sobre la corriente galvánica

¿Has oído hablar alguna vez de la corriente galvánica? Es posible que, así tal cual, no te suene mucho. Quizá, si hablamos de electroterapia te suene más. La corriente galvánica, por lo tanto, consiste en un tipo de electroterapia. Esta no es otra cosa que una técnica empleada en diferentes disciplinas como son la medicina física, la rehabilitación y fisioterapia entre otras, y que se basa en el uso de la electricidad.

¿Qué quiere decir corriente galvánica?

En concreto, una corriente galvánica consiste en una corriente eléctrica cuya dirección es constante, es decir, siempre en el mismo sentido. Así, el flujo de las cargas se dirige del polo negativo al positivo, en el caso de las cargas negativas, y del polo positivo al negativo si el flujo es considerado positivo. Esta corriente no se ve interrumpida en ningún momento durante su aplicación y mantiene una intensidad constante. Físicamente hablando, tiene una baja tensión, que no supera los 80 voltios y la intensidad es baja, su máximo es 200 miliamperios.

¿Cómo se aplica?

Al principio, puede resultar extraño aplicar una corriente eléctrica a un cuerpo vivo, pues podríamos pensar que solo puede provocar un perjuicio, pero nada más lejos de la realidad. Los resultados de un tratamiento con corriente galvánica pueden ser de gran utilidad y positivos para nuestro organismo. No obstante, hay que saber cómo aplicarla, con qué intensidad o en qué lugares. En consecuencia, existen diferentes técnicas para su aplicación:

– Baño galvánico: abarca todo el cuerpo o zonas muy grandes del mismo. La sesión tiende a durar entre 10 o 20 minutos.

– Electrólisis: es la elegida para la depilación eléctrica, de manera que se altera la estructura química.

– Iontoforesis: permite introducir un medicamento a través de la piel, basando la idea en el efecto electroforético.

– Hiperhidrosis: busca la sudoración exagerada y centrada en determinadas zonas del cuerpo, generalmente plantas de manos y pies.

Aplicaciones de este tipo de electroterapia

El hecho de que esta corriente pase a través de nuestro organismo a través de la piel provoca cambios, ya que supone una energía entrando en nosotros. De este modo, provoca que la materia que forma nuestro cuerpo se comporte también como un conductor que continúe transportando esta energía de célula a célula. Así, conseguimos cambios químicos y orgánicos que justifican los resultados finales:

– Hiperemia: provoca el aumento del flujo sanguíneo durante las horas posteriores a la aplicación, mejorando el aporte de oxígeno y nutrientes.

– Aumenta la permeabilidad cutánea al aumentar el flujo sanguíneo, facilitando la reabsorción de líquidos.

– Provoca un efecto de analgesia, es decir, disminución del dolor.

– Favorece la tonificación de las zonas donde se sitúa el electrodo, principalmente.

Así, los usos para los cuales se emplea esta técnica y sus diferentes métodos de aplicación son muy amplios, permitiendo un amplio abanico de posibilidades. Grosso modo, favorece el estado de la piel y potencia el metabolismo y la regeneración celular, por lo que estará indicado para los siguientes usos: evitar el envejecimiento celular, luchar contra la flacidez muscular gracias al poder de tonificación, tratar de solucionar problemas circulatorios, disminución de la celulitis y un largo etcétera. Como ves, es un tratamiento indispensable.

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